La inquietud de comprender: una historia de perseverancia, estudio y asombro

“Este tribunal otorga la calificación de summa cum laude, que corresponde a 12”. La frase resonó en el salón y marcó el cierre de un camino que había comenzado muchos años atrás. Frente al tribunal, Elaisa Vega Alvariza escuchaba el veredicto con la serenidad de quien sabe cuánto esfuerzo hay detrás de cada logro. A los 72 años, acababa de culminar la Licenciatura en Humanidades de la Universidad de Montevideo.
Su tesis, titulada Algunos hitos y personajes de la historia y cultura del Uruguay a la luz del viaje apostólico de San Juan Pablo II, fue distinguida con la máxima calificación académica. Pero detrás de ese reconocimiento hay una historia que trasciende las aulas: la de una mujer que decidió que nunca era tarde para seguir aprendiendo y que convirtió la curiosidad intelectual en un proyecto de vida.
Elaisa es una mujer de familia. Está casada con Juan Alberto Varela desde hace más de 47 años, con quien ha formado un hogar de diez hijos y numerosos nietos. Durante gran parte de su vida se dedicó a la formación en orientación familiar, y fue allí donde despertó una curiosidad que hasta entonces no había experimentado con tanta intensidad: el deseo de conocer más, de comprender y de encontrar respuestas a las preguntas más profundas sobre la condición humana y el sentido de la vida en sociedad.
Con ese impulso, decidió dar un paso que no era menor: ingresar al mundo universitario a los 55 años. Comenzó inscribiéndose en una o dos materias, a modo de prueba, consciente del desafío que implicaba volver a estudiar. Pero lo que parecía una experiencia puntual pronto se transformó en un proyecto de largo aliento. Con perseverancia y dedicación, fue aprobando una a una las asignaturas de la carrera hasta llegar a la etapa final: la elaboración de su tesis.

Las raíces cristianas de Uruguay
“Vuestra Patria nació cristiana”, dijo San Juan Pablo II durante su visita a Uruguay en 1988. En esas palabras, Elaisa encontró una invitación a profundizar en las raíces cristianas del país. Inició un camino de investigación sobre figuras fundamentales de la historia y la cultura uruguaya, como Dámaso Antonio Larrañaga, José Enrique Rodó, Pedro Díaz y Juana de Ibarbourou, buscando comprender cómo la fe y el pensamiento cristiano han contribuido a la construcción de la identidad nacional.
En ese recorrido apareció inevitablemente San Juan Pablo II. Al hablar de él, la voz de Elaisa adquirió un tono personal. Más allá del objeto de estudio, explicó que había sido “el papa de su vida adulta”. Una figura que la acompañó durante buena parte de su formación humana y espiritual. La afirmación dio lugar a un intercambio con el cardenal Daniel Sturla, integrante del tribunal, quien comentó que suele referirse a San Juan Pablo II como “el papa de mi vida”. Para Elaisa, aquella referencia no era solamente una coincidencia: era el reconocimiento de una presencia que marcó una época y que, al día de hoy, sigue inspirando.
Su historia demuestra que el aprendizaje no tiene edad y que la pasión por conocer puede convertirse en una fuerza capaz de abrir nuevos horizontes en cualquier momento de la vida. El diploma que recibió en sus manos no solo reconoció un desempeño académico: fue también el reflejo de décadas de perseverancia, compromiso y amor por el conocimiento.
Porque para Elaisa Vega Alvariza, estudiar nunca fue simplemente obtener un título. Fue, y sigue siendo, una forma de comprender mejor el mundo y de mantener viva la capacidad de asombro.