“El apuro nos deshumaniza. La lentitud nos rehumaniza”: Carl Honoré en la UM

La hiperconectividad, la velocidad y la sensación de permanente urgencia son elementos característicos del mundo actual. En ese contexto, Carl Honoré visitó nuestro país para presentar su conferencia titulada De la vorágine al propósito, realizada el pasado martes en el Teatro Movie y coorganizada entre la Fundación Peluffo Giguens y la Universidad de Montevideo.
Honoré nació en Escocia y se nacionalizó canadiense. Periodista de profesión y referente internacional del movimiento slow, sus libros se transformaron en best sellers y fueron traducidos a 36 idiomas. En su sitio web oficial, se destaca que, a través de sus publicaciones, Carl “enseña a los lectores cómo vivir vidas más largas, plenas y productivas”.
Durante la charla, el conferencista reflexionó sobre la cultura del modo turbo, el vínculo de los jóvenes con la lectura, la epidemia de la soledad, el ritmo de la vida universitaria y el desafío de resguardar lo que necesitamos como humanos en tiempos de inteligencia artificial y avances tecnológicos.
Aunque es conocido mundialmente por impulsar el slow movement, Honoré aclara rápidamente que su propuesta no consiste en rechazar la velocidad. “No soy fanático de la lentitud. A veces, más rápido es mejor”, afirma. Para él, la clave está en “hacer las cosas a la velocidad correcta, al tiempo justo”.

Y en ese sentido se vuelve esencial definir de qué se trata la corriente que lleva como bandera: “Es una mentalidad, es un cambio de chip, es privilegiar la calidad de la cantidad, es estar presente en el momento, hacer una cosa a la vez”. Y resume: “Slow para mí significa hacerlo todo lo mejor posible”.
En esa línea, el orador sostiene que la cultura contemporánea termina dañando aspectos esenciales de la experiencia humana. “Sacrificamos muchas cosas en el apuro. La salud física y mental, las relaciones humanas, la creatividad, la productividad, la memoria…”. Y agrega: “Nos pasamos volando por la vida, todo pasa de manera fugaz y borrosa”.
La conversación se desplaza entonces hacia otro de los temas que atraviesan la propuesta de Honoré: la lectura. En un contexto marcado por las pantallas, las notificaciones y el consumo de contenido fragmentado, el autor sostiene que leer implica recuperar la atención: algo cada vez más escaso. “En general cuando leemos en estos días, no estamos leyendo, estamos escaneando”, afirma. Para él, la lectura exige desacelerar y “entrar plenamente en el momento, convertir toda tu atención en el acto”. Y agrega: “Con los libros, se te abre un mundo, un universo. Entrás en esa burbuja íntima con el autor. Es como un baile, una danza de descubrimiento, de maravilla, de autorreflexión”.
Otro de los puntos centrales de su planteo tiene que ver con el vínculo que mantenemos con la tecnología, especialmente con el celular. “Usá el botoncito rojo que dice off”, recomienda. “Apagar las notificaciones”. Aunque reconoce el valor de los dispositivos, sostiene que el problema aparece cuando ocupan todo el tiempo y toda la atención. “Te termina minando la concentración, la conexión humana”, explica.
Como contrapeso a esa lógica de hiperestimulación constante, propone incorporar “rituales lentos” a la vida cotidiana: cocinar, meditar, practicar yoga, dibujar, leer o simplemente compartir tiempo con otros. Incluso menciona prácticas muy presentes en la cultura uruguaya. “El mate es un buen ejemplo de cómo bajar el ritmo”, señala. “Te invita a ralentizar, a compartir, también”. Lo mismo ocurre, dice, con el asado o con el contacto con la naturaleza: “La naturaleza es lenta, por naturaleza”.
“Los jóvenes se están dando cuenta de que, a veces es muy divertido scrollear en TikTok y chatear por Snapchat o lo que sea, pero no es toda la historia. La vida tiene otros momentos, otros ritmos”. Y allí sale a superficie una de las ideas centrales de toda la entrevista: “La rapidez es superficial. Con lentitud llegás al núcleo de una cosa, vas profundo”. Esa búsqueda de profundidad se vuelve aún más relevante, según Honoré, en el contexto actual de expansión de la inteligencia artificial. Para él, la IA representa, en la misma medida, una oportunidad y una advertencia sobre el riesgo de acelerar todavía más la experiencia humana.
Por este motivo es que insiste en la necesidad de proteger aquellas capacidades propiamente humanas que no pueden reducirse a velocidad o eficiencia: “La empatía, el pensamiento crítico, la creatividad, el cariño físico, los sentimientos, el amor… la mera idea de tercerizar estas cosas tan lentas, tan humanas, a una máquina, me parece catastrófico”, sostiene.

Hacia el final de la conversación, Honoré vuelve a aquello que considera el núcleo del problema de estos tiempos: el deterioro de los vínculos humanos en una cultura atravesada por el constante apuro: “Las relaciones humanas son lentas”, afirma. “La amistad, el amor… estas cosas necesitan tiempo y atención”.
El conferencista se presentó a sala llena en el Teatro Movie. El evento estuvo conducido por el psicólogo Alejandro De Barbieri y duró cerca de dos horas.
Aquellos interesados en conocer más sobre el movimiento slow y los consejos de vida y rutina de Carl Honoré pueden ingresar a carlhonore.com, o seguirlo en Instagram: @carlhonore.