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"El proyecto Pro-Mejora parece haber encontrado el rumbo que imprimió Varela originalmente y que se perdió hace ya mucho tiempo" |
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01/02/2012 - El decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Montevideo, Dr. Fernando Aguerre Core, brinda un análisis del proyecto de fortalecimiento de las instituciones educativas que elaboró el CODICEN de la A.N.E.P. y cuenta con el respaldo del gobierno y de los partidos de la oposición.
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Para desmentir el comentario popular de que en el verano no ocurre nada significativo, en los últimos días hemos asistido a un hecho trascendente para la historia de la educación nacional; se trata del apoyo ofrecido por el gobierno y los partidos políticos al "proyecto de fortalecimiento de las instituciones educativas", conocido como el "plan Pro-mejora", que elaboró el CODICEN de la A.N.E.P. Como se afirma en la presentación del plan: "Pro-mejora es un proyecto que busca generar márgenes de autonomía a los centros para la gestión de propuestas pedagógicas propias enmarcadas en los objetivos nacionales de política educativa y a partir de un núcleo común curricular, con vocación inclusiva". Este proyecto parece haber encontrado el rumbo acertado de descentralización que en la gestión de los centros educativos imprimió Varela originalmente y que se perdió hace ya mucho tiempo. Pero, naturalmente, se trata de un plan renovador y se vale de ideas y de herramientas que el presente pone a disposición de la enseñanza.
El plan "Pro-mejora" privilegia el protagonismo de los centros educativos como unidad de cambio y aquí se halla el núcleo fuerte de la transformación que la educación nacional necesita con urgencia. En todos los sectores de la sociedad hay una convicción profunda de que el actual modelo oficial no solamente no responde a las expectativas de los ciudadanos, sino que representa una involución que hace daño al país y a su gente. A pesar de algunos esfuerzos anteriores, la educación ha sido en los hechos –hasta ahora- la gran ausente en los resultados de la concertación nacional. Todavía está lejos de constituir una preocupación real, que movilice y haga movilizar a muchos uruguayos que parecen olvidar que sin un sistema educativo serio y eficaz no hay futuro posible en muy pocos años. También estuvo ausente -si bien con excepciones- en las prioridades de los partidos políticos, pero la demostración de que se avizoran tiempos mejores ha llegado con este verano.
Las grandes líneas del plan rescatan algunos antiguos reclamos de los profesionales de la educación: hacer de las instituciones educativas "ámbitos de perfeccionamiento y profesionalización docentes" y no un espacio agotado donde se repiten fórmulas o conocimientos que no preparan para la vida y mucho menos para una vida de mayor calidad. El docente asume su rol de educador de primera línea; podrá participar de un proyecto común y su trabajo no solamente se verá beneficiado por los resultados que se persiguen con el plan, sino que –además-, al formar parte de una comunidad educadora, disminuirá su frustración en el esfuerzo solitario. Pero, al mismo tiempo, el plan privilegia la atención de cada centro considerado en sí mismo y no representando un número; en particular se fija en los protagonistas a quienes va destinado ese servicio: el estudiante y su familia. El plan procura atender las características específicas del medio local en el que se inserta el centro, rescatando así otro principio fundacional de la educación nacional. En consecuencia, "Pro-mejora" ofrece un espacio orientado para la elaboración de "métodos y propuestas pedagógicas propias", que deben responder a las condiciones del centro y de su entorno. Esto significa operar una transformación indudable en la concepción actual de los centros educativos, de la que se beneficiará toda la educación pública, tanto la gestionada por el Estado como por los particulares.
Todas las formas que asume la educación a nivel primario y secundario constituyen un servicio público de primera importancia. En el Uruguay, a lo largo de su historia, la educación ha sido un diferencial radical del progreso, el de cada persona y el de la comunidad. Debe continuar siendo así. Pero, al mismo tiempo, el sistema ha arrastrado debilidades estructurales que desde hace ya varias décadas se manifiestan en forma alarmante y acompañan los cambios negativos operados en la sociedad, a los que el modelo educativo no ha podido dar respuesta. El centralismo, la escasa innovación, la oposición a todo intento de diversidad en el proyecto pedagógico, la marginal participación de la familia en el centro educativo, una enseñanza vaciada de sentido y de compromisos duraderos, son algunas de las debilidades que han llevado al agotamiento del modelo. Frente a este panorama, la sola posibilidad de un cambio como el que ofrece "Pro-mejora" está obteniendo un consenso social que llama la atención. Viene precedido de un análisis serio y profesional, que cobró notoriedad en los últimos tiempos y no se ha librado de algunos ataques que se van apagando por sí mismos.
Falta responsabilidad ciudadana en el país, es cierto, probablemente es un signo negativo de los tiempos que vivimos, pero el abismo educativo frente al que estamos detenidos comienza a estimular en nosotros unos primeros signos de vida. Hay mucho por hacer, entre otras cosas reavivar el interés por la "cosa pública", no ceder espacios ni derechos, exigir a los representantes políticos que cumplan con su deber; también hay que reconocer que algunos temas son de tanta importancia que no se deciden por consenso. En definitiva, el trabajo que nos espera no deja de ser una buena noticia; no hace falta convocar a congresos educativos. La mejor garantía de un buen gobierno de la educación es que responda a los intereses de los ciudadanos. Se precisan sí, manos y brazos de maestros y profesores, de padres y madres, de ciudadanos que quieran contribuir a levantar un nuevo edificio de la educación nacional, amplio, abierto a todos, con igualdad de derechos, que apunte alto, sin mezquindades ni disputas de poder. Éste parece ser el cauce que abre "Pro-mejora" y por eso le damos la bienvenida.
Fernando Aguerre Core
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