| 06/06/2011 - Gabriel y Nahuel esperan sentados en la puerta de su escuela. Los sábados de mañana suelen jugar al fútbol, pero hoy el campito del barrio queda de lado ante la invitación que les hicieron el día anterior. Estos alumnos de 6º B están contentos porque ayudarán a pintar su salón de clase.
A las diez de la mañana salen dos camionetas desde la sede central de la Universidad de Montevideo (UM). El destino es la Escuela 225, del barrio Nuevo Mendoza, ubicado entre Piedras Blancas y Mendoza. Los que comparten bizcochos, galletitas y toman mate dentro de los vehículos son las 17 personas que se sumaron a la primera convocatoria masiva del año que organiza el Voluntariado UM (VUM). Alumnos, exalumnos y funcionarios de la universidad pintarán los tres salones más deteriorados de un centro educativo que ofrece servicios educativos a más de 800 niños, y donde desayunan, almuerzan y meriendan más de 200.
Norma Pereira asumió este año como directora de la Escuela 225. Ella cuenta que el objetivo de la jornada es “arreglar la escuela, que se convierta en un ambiente más agradable”. El estado de las aulas no es bueno: las paredes están rotas y algunas ventanas no tienen vidrios. “En 2010 se pintó la parte exterior, pero los salones eran un debe”, dice la directora, luego de comentar que los niños preguntan si es posible arreglar el interior de sus clases. El VUM retoma en 2011 el vínculo generado con la Escuela 225 el año pasado. En esa oportunidad, más de 30 personas pintaron la fachada y el exterior de todas las instalaciones.
La primera etapa del trabajo es lijar las paredes y acondicionar el interior de las aulas. Luego de preparar la pintura, alguien enciende un parlante y la música inspira a todos los presentes a tomar una brocha o un pincel. Comienzan a pintar.
Sobre las 13 llega la hora del almuerzo y, después de compartir una charla con la directora, continúa el trabajo. Los 17 voluntarios pintan codo a codo con algunas funcionarias de la escuela y los cuatro alumnos que se sumaron a la jornada. Nahuel y Gabriel están muy agradecidos. Ellos estuvieron en la actividad del año pasado y no querían dejar pasar esta nueva chance de colaborar con la causa. Nahuel dice que quiere arreglar las instalaciones para los alumnos que vendrán. Gabriel tiene un objetivo claro, su meta es “que la escuela quede más linda”.
A las 16 horas, ya están terminados los salones 4, 3 y 2. Esas paredes tienen ahora colores más vivos -rosa, naranja- y los voluntarios se sienten conformes con el producto final.
Un contexto difícil. La directora de la Escuela 225 sabe que su trabajo implica mucho esfuerzo. Norma Pereira lidia con situaciones complejas, como son los robos y el deterioro de las condiciones edilicias. Lo peor de la escuela es que no tiene saneamiento, y por eso los pozos sépticos se desbordan cada quince días. Los robos, el otro gran problema, han llevado a contratar un servicio policial, que cubre de las seis de la tarde hasta las ocho de la mañana. “El año pasado se llevaron un busto de bronce de Artigas. Ahora hay uno de hormigón. Ese no se lo van a llevar”, dice la directora. La escuela ha sufrido actos vandálicos, por eso las ventanas de algunos salones no tienen vidrios. “Roban las cortinas, abren las bibliotecas, se llevan cuadernos, libros, mapas… Todo lo que esté a mano”.
Más allá de las complicaciones, Pereira reconoce lo mejor que tiene trabajar en la Escuela 225: “Los niños son sumamente afectuosos. En la entrada te besan, te abrazan. Eso es invalorable”. A su vez, cuenta con entusiasmo que tiene “un grupo de maestros muy comprometido, que se siguen formando”. La directora se muestra muy agradecida con los voluntarios del VUM. "Gracias a Renner, que nos donó la pintura, y al Voluntariado Universidad de Montevideo pudimos hacer esto", sentencia.
El objetivo: terminar de pintar. Macarena Penadés, exalumna de la UM e integrante del VUM, piensa que “como universitario y después como profesional hay que ayudar a la sociedad”. Su motivación personal está en devolver, de alguna manera, lo que ha recibido.
Carolina Sosa también es voluntaria del VUM y alumna de la Facultad de Comunicación. Fue a pintar el año pasado y en esta ocasión estuvo dedicada a la parte de la convocatoria, por las clases de la universidad. El VUM tiene cuatro voluntarias fijas, que se reúnen todos los miércoles a las 13.30 en la cantina de la UM. Ese grupo es abierto, pero quienes no puedan formar parte de la organización de los servicios tienen la posibilidad de participar como voluntarios en las actividades específicas. “Cuando arrancó el año se anotaron 150 personas. Para esta actividad se anotaron 21 y fueron 17”, comenta Sosa.
Por su parte, Lucía Armas, coordinadora del Voluntariado UM, afirma que la idea es regresar a la escuela para terminar de pintar el resto de los salones. Los interesados en participar, pueden enviar un correo a voluntariado@um.edu.uy. |