10.09.2018 |

El origen de la democracia en Uruguay

Daniel Corbo, profesor de FHUM y FCEE, defendió su tesis doctoral en Buenos Aires

Según una investigación de este año de The Economist Intelligence Unit, Uruguay es el único país de América Latina en el que existe una “democracia plena”. Ocupa el puesto 18 del ranking a nivel mundial y es uno de los 19, de los 167 evaluados, que califican dentro de esta categoría. El profesor de la UM, Daniel Corbo, ha dedicado varias horas de estudio a los inicios de la democracia uruguaya. Su interés por ese tema, y por las características que desarrolla a partir de esa génesis, fue el objeto de estudio de su reciente tesis doctoral. Su tutor fue el Dr. Gerardo Caetano y el juicio del tribunal sobre la tesis y la defensa, que tuvo lugar en la Universidad del Salvador de Buenos Aires, fue “Sobresaliente distinguido con recomendación de publicación de la tesis”.

“A veces pregunto a los estudiantes: ¿Cómo un país que tiene esencialmente un espíritu democrático, pudo perder la democracia en 1973? ¿Cómo hicimos para recuperarla? Es una preocupación reiterada”, contó el docente en un salón de FHUM. En su tesis, titulada “La gestación de la democracia política moderna en el Uruguay (1890-1925). El experimento fundacional de un sistema político pluralista y consensual pactado entre los partidos Nacional y Colorado (batllista)”, intenta responder a algunas preguntas: ¿Cómo construimos las características de nuestra democracia? ¿Cómo los partidos, tan enfrentados, lograron, sin embargo, pactar reglas de juego, diseños institucionales y —a partir de allí— generar una instancia fundacional donde el consenso es lo que permitió alumbrar la democracia?. Para eso, trabajó lo que denominó “cuatro estaciones de formación política” a través de tres niveles de análisis: el sistema institucional, el sistema de partidos y el régimen electoral.

Entre los factores que influyeron en el posterior y actual sistema democrático del país, destaca la multiplicación temprana del electorado. A partir del cambio de las reglas de juego, las mujeres, los analfabetos y los jornaleros comienzan a votar. Además, las elecciones comienzan a ser más competitivas y esto despierta el interés de nuevos votantes. “Entonces, una política que era de cuadros, se vuelve de masas”, explicó Corbo. Una fecha clave para este fenómeno es el 30 de julio de 1916, día en que se erige la Asamblea Constituyente: se aplica por primera vez el voto secreto, se levanta la restricción en el voto y aparece una “representación proporcional, todavía no completa, pero la minoría existe”. “Increíblemente ahí, por primera vez, el gobierno pierde. Y, además, es importante que el gobierno reconociera que había perdido. Entonces, ¿qué ocurre? Eso legitima absolutamente las urnas como un instrumento para dirimir las contiendas políticas. Propicia el salto de la lucha con lanzas a la lucha en las urnas. De la guerra a la contienda cívica”, remarcó.

En segundo lugar, el diseño institucional implica la organización a través de organismos de composición plural, que son de, por lo menos, dos partidos. De esa forma, los partidos aprenden a trabajar juntos. “Y eso va puliendo muchas diferencias. Van reconociéndose, como adversarios sí, pero no como enemigos. Y van reconociendo que tienen muchos puntos de afinidad”, agregó Corbo.  A su vez, los partidos pasan a un segundo plano en la medida en que sus dirigentes pasan a representar algo mayor y común a otros: “Un director del Banco República, un director de Primaria o un consejero en la Universidad, empiezan a representar los intereses de esos organismos, antes que los de su partido. Miran la realidad desde la conformación ideológica que su partido le dio, pero, al fin de cuentas, empiezan a ver que van a representar otras cosas. Y eso, lo que va haciendo, es un juego de colaboración, de cooperación”.

A esto se suma la división dentro del partido colorado. El batllismo era el sector dominante, pero había otros que veían que podían unirse con los blancos y obtener así la mayoría: “Esto hace que, en los tiempos entre una elección y la otra, el juego político sea mucho más rico, mucho más plural. Requiere negociar permanentemente. Se descubre también que el enemigo no es tan enemigo. El adversario a veces piensa igual que nosotros. Comienza una cultura de votantes y negociantes”. 

Daniel Corbo Licenciado en Ciencias Históricas por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República. Es investigador en el área de la Historia y docente de las facultades de Humanidades y Educación y Ciencias Empresariales y Economía de la UM. Fue miembro consejero del CODICEN en los períodos 2000-2005 y 2010-2015. Durante la última gestión, impulsó y desarrolló el Plan ProMejora en centros educativos del país. Fue Representante Nacional entre 1995 y 2000 y Presidente de la Comisión de Educación de la Cámara de Representantes. Actualmente, es Presidente de la Fundación Wilson Ferreira Aldunate. Ha publicado varios libros.