15.06.2016 |

Un desafío cercano: la robotización del trabajo

La profesora Valeria Fratocchi habló en la UM a representantes de diferentes empresas sobre un estudio del IEEM sobre la sustitución de personas por tecnología en el trabajo

Durante el Encuentro Universidad – Empresa que tuvo lugar en la Universidad de Montevideo (UM), la profesora de Comportamiento Humano en la Organización, Valeria Fratocchi, dio una charla a los representantes de las empresas sobre un reciente estudio del IEEM, la Escuela de Negocios de la UM, que es un desafío a nivel mundial en el mundo laboral.

El IEEM —a partir de una investigación de la Universidad de Oxford— realizó un estudio sobre la posibilidad de sustitución de personas por tecnología en puestos de trabajo en Uruguay. Los resultados revelaron que el 54% de las posiciones de trabajo en el país corren un riesgo de automatización dentro de los próximos 10 o 12 años.

Las mujeres ocupan puestos con menor probabilidad de robotización: el riesgo es de 46% frente a un 62% para los hombres. En lo que refiere a los sectores, los trabajos del sector primario son los que tienen una mayor probabilidad de sustitución (80%), seguido por la industria (75%), el comercio (70%) y en último lugar los servicios (38%).

La psicóloga explicó que existen algunos “cuellos de botella” que marcan los trabajos con menor capacidad de sustitución: la capacidad de percepción y manipulación de objetos que requieren destreza y habilidad motriz; la capacidad creativa y resolutiva y la posibilidad de crear propuestas con valor agregado; y la inteligencia social.

Fratocchi explicó que los trabajos que deberían valer más en el mercado son los que son estratégicos y por esta razón tienen menor probabilidad de ser sustituidos. Sobre esto, puso el caso de una enfermera y una profesional que trabaja en el sistema transaccional con atención al público en un banco. La primera, tiene la posibilidad en Uruguay de un sueldo muy bajo y la segunda, de uno muy alto.

Sin embargo, la enfermería es un trabajo que cumple con todos los “cuellos de botella”: destreza para poner, por ejemplo, una vía y no dejar un hematoma, la capacidad de persuasión, la contención emocional, la creatividad para buscar soluciones. El segundo tipo de trabajo no cumple con ninguno. Un enfermero o enfermera tiene 0% de probabilidad de ser sustituido por una máquina, mientras que un profesional que trabaje con transacciones en atención al público tiene un 98% de posibilidades de sustitución. 

“Sería bueno que el valor estratégico y el valor de mercado coincidieran para que los incentivos estuvieran puestos en un lugar correcto y los estudiantes pudieran elegir las profesiones correctas para el futuro”, subrayó.

¿Cómo atacar el problema?

Sobre los frentes a atacar en esta materia, Fratocchi habló sobre la legislación laboral, el sistema tributario, la educación, el rol de las empresas y el de los padres y familias.

En primer lugar, aseguró que Uruguay necesita “una legislación laboral para el siglo XXI”. Sobre esto, argumentó que debería existir más flexibilidad en el trabajo y que el control de éste debería ser por los resultados, no por la cantidad de horas.

En segundo lugar, indicó que el país debe buscar “un sistema tributario adecuado a una nueva economía”. Sobre esto, relató que según el Foro Económico Mundial, Uruguay es el país que tiene menos incentivos fiscales al trabajo y al aumento de producción. Por los altos impuestos, “trabajar más se visualiza como un mal negocio”. Además, nombró el caso de jóvenes emprendedores uruguayos que trabajan en el país pero por su modelo de negocio no facturan en Uruguay. “Sobre esto no hago un juicio de valor, es la realidad”, dijo.

El tercer factor es la educación. Las personas con mayor cantidad de educación tienen menos riesgos de ser sustituidas por la tecnología. Sobre las disciplinas en las que debería poner foco la educación de niños y jóvenes nombró la ciencia, la tecnología, la electrónica y matemática. No solo por las disciplinas en sí, sino por lo que permiten. Por ejemplo, la matemática ayuda a construir estructuras de pensamiento que son trasladables a otras áreas del conocimiento.

Sobre las empresas, indicó que deberían hoy formular un inventario de los puestos de trabajo que tienen y evaluar qué tareas podrían ser sustituidas por la tecnología. Después de encontrarlas, es necesario capacitar y promover el desarrollo de los que hoy las desempeñan. También dijo que las empresas deben evitar dar incentivos para que los empleados quieran trabajar en tareas que tienen poco valor agregado y en donde aunque hoy ganen mucho dinero y se sientan “seguros”, en 10 o 15 años probablemente sean despedidos.

Dio también consejos para los padres y las familias. En primer lugar, dijo que los padres deben motivar a sus hijos a estudiar aquello para lo que tienen habilidades y les gusta. Y en eso, tienen que lograr la excelencia, “ser los mejores”.

En segundo lugar, habló de las cenas en familia. Señaló que la cena en familia “es el espacio de diálogo más adecuado para desarrollar las competencias sociales”. “¿Por qué? Porque tengo la mejor plataforma para aprender a dialogar, a negociar, a persuadir y a entender qué siente el otro, que es la plataforma del amor. Es la mejor escuela”. Pero dijo que para eso es necesario “estar” y evitar la cena disfuncional de hoy en la que cada uno está con el celular.

Por último, afirmó que los que tienen grandes “probabilidades de sobrevivir” a este cambio son los que fracasen muchas veces y vuelvan a intentar, sin abandonar por el desánimo. Dijo que los padres deben permitir que sus hijos tengan pequeños fracasos y estar al lado para ayudarlos a levantarse. Eso, los va ayudar a buscar soluciones creativas, a ver que “no es el fin del mundo” y que hay que “ir para adelante”.

El trabajo: "factor de humanización"

El avance de la tecnología tiene como consecuencia la mayor cantidad de tiempo libre. La profesora del IEEM dijo que esto, que a primera vista parece algo muy positivo, tiene que ser trabajado porque de lo contrario puede tener un efecto negativo. En primer lugar, porque “el ocio es la madre de todos los vicios”, entonces hay que “estructurarlo” para corroborar que sea un “ocio creativo” y no destructivo, que vaya en contra del enriquecimiento de la persona y su entorno.

Luego, citó a Freud. Un periodista preguntó al médico austríaco al final de su carrera quién era para él una persona “sana, madura e integrada a la sociedad”. Freud contestó: “Amigo mío, cualquier persona capaz de amar y trabajar”.

Siguiendo a este médico, Fratocchi desarrolló varias virtudes del trabajo. Dijo que permite sentirse productivo y es un lugar de socialización. Además, en el trabajo surgen desafíos que “permiten despegar a un nivel de exigencia muy bien monitoreado la capacidad creativa”. Y la cuarta dimensión es que algunos emprendimientos a nivel organizacional son construcciones en las que el trabajador es parte de “cosas muy grandes: alimentan la dimensión trascendente de la persona porque nunca lo hubiese podido hacer solo”. Sobre esto, concluyó que el trabajo es un derecho “como factor de humanización”.