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Tener una mirada crítica sobre el contenido de los medios en pro de la libertad
El experto en semiótica Dr. Miguel Angel Garrido Gallardo se refirió en un seminario a la importancia de entrenar a entender la literatura, el periodismo, la política y la publicidad.


El Dr. Miguel Ángel Garrido Gallardo fue invitado por la Facultad de Humanidades para dictar el seminario La interpretación de textos: literatura, periodismo, política, publicidad, dirigido a profesores y alumnos de Letras, Comunicación, Ciencias Políticas, Marketing y Publicidad.

Garrido Gallardo es Doctor en Filología Románica y destacado profesor de Investigación del Instituto de la Lengua Española (ILE). Dicho seminario se desarrolló durante la semana del 3 al 7 de setiembre y contó con un número importante de asistentes.

¿Por qué sostiene, en el seminario, que lo mejor que se puede hacer en pro de la libertad, en el siglo XXI, es enseñar a tener una mirada crítica sobre el contenido de los medios?

Porque a finales del siglo XX, principios del XXI, la revolución cultural y tecnológica dio paso a las comunicaciones mediadas, las cuales transmiten al espectador una sensación engañosa. Hoy en día, todos tenemos la sensación de saber todo sobre todo. Pero, esa información, en lugar de ser fruto de la experiencia, como era antiguamente, es una información recibida a través de los medios, y esto con frecuencia desorienta y engaña.

La libertad del ciudadano pasa, entonces, por distinguir qué se le está diciendo y discernir si está de acuerdo o no. En la actualidad, frecuentemente, actuamos no de acuerdo a nuestras convicciones, sino de acuerdo a lo que creemos que son nuestras convicciones. Esto porque no hemos sabido descodificar adecuadamente lo que recibimos de los medios. No es sólo lo que dicen, sino lo que hay detrás. No sólo lo que dicen, sino lo que quieren decir y no sólo lo que dicen, sino lo que ocultan.

¿Cómo cree que se puede enseñar a los ciudadanos a decodificar la información que reciben de los medios?

Más que dar una respuesta, hay que empeñarse en difundir la educación. Somos más personas, en la medida en que somos alfabetos, no en un sentido superficial, sino en el sentido de saber comprender lo que recibimos y poder expresar lo que sentimos. En la institución de la enseñanza lo que hay que hacer es entrenar en la interpretación de los textos. Y esto es un entrenamiento como el necesario para aprender natación. ¿Cómo se nada mejor? Pués, echándose al agua y corrigiendo, una y otra vez, los fallos que se producen.

Usted se refiere a la literatura como el fenómeno literario de los siglos XIX y XX. ¿Cómo se interpreta este fenómeno en los siglos anteriores?

El término literatura es propio de los siglos XIX y XX. Antes a esta actividad se le llamaba poesía, no con el significado que hoy en día le otorgamos, sino en el sentido etimológico de creación por recreación. Que en los siglos XIX y XX a la creación con palabras se le llame literatura, no es una casualidad. Se debe a que se realiza mediante el soporte de libros.

Sin embargo, el desarrollo de los medios audiovisuales y la incidencia de la electrónica, en el siglo pasado, dan lugar a una revolución que cuestiona, a principio del siglo XXI, este fenómeno. Y no sólo pone en tela de juicio cómo se tendría que llamar, que es lo de menos, sino el papel que desempeña. Porque, efectivamente, contar cosas mediante los libros es ya un fenómeno minoritario, en comparación al video, el cine, los programas de televisión y la comunicación electrónica.

¿Piensa que el cine y la televisión pueden llegar a sustituir completamente a la literatura, a los libros?

Lo que estoy defendiendo en este seminario es que con respecto a la literatura en soporte libro va ocurrir lo mismo que con el cinematógrafo. El vídeo no lo ha sustituido, pero ha provocado que disminuya muchísimo su uso, que tenga otra significación.

Hoy en día, los segmentos más jóvenes de la población dedican a la literatura entre cero a quince minutos diarios, en cambio, ven televisión entre media hora a cuatro por día. El libro literario se convertirá en una especie de joya. Uno en su casa tendrá menos libros, porque para ver un texto completo, ya hoy basta con buscar en Internet. Sin embargo, coleccionará libros de autores que le gusten, probablemente bien encuadernados, como para releer.

¿Y qué pasará con los escritores?

Habrá un cambio, más bien, en la institución empresarial de la literatura, aunque nadie sabe cuál, ni cómo se producirá. La literatura se ha convertido, muy especialmente, a finales del siglo XX, en una institución empresarial producto de los premios literarios. Sin embargo, tendrá que cambiar, porque a partir de la existencia de las fotocopias, se diga lo que se diga y se tomen las medidas jurídicas que se tomen, todo lo que es técnicamente posible termina haciéndose. Por consiguiente, no es posible que alguien prevea que va a vivir de los derechos de autor en el sentido convencional. Cada vez es más frecuente que uno entregue los derechos de su novela para el cine o televisión y cobre lo que hubiera cobrado por porcentaje en el sistema convencional. Pero, también subsistirán, para ese consumo minoritario de lectores, los escritores.

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